Una vida más pausada

By 17th noviembre 2018Educación

En la sociedad frenética en la que vivimos, las prisas están a la orden del día. Hasta el café nos lo tomamos sin darnos apenas unos segundos para apreciarlo y saborearlo. En el camino, inmersos en las prisas, dejamos de lado muchas pequeñas cosas que nos ayudarían a redescubrir la esencia de una vida amable y pausada.

Por eso, es necesario tomarnos la vida un poco más yin, encontrar el necesario equilibrio, ya que muchas veces el ritmo frenético nos lleva a descuidar por completo y a no escuchar a nuestro cuerpo y nuestra mente. Frente a ello, es muy importante invertir parte de nuestro tiempo en tomar conciencia de aquello que nos debilita, conocer nuestro organismo, aprender cómo funcionan nuestras energías y cómo adaptarlas al mundo que nos rodea.

El concepto “Yin” igual nos suena a algo demasiado relajado, sin mucha capacidad de actuación… en un mundo que te dice incesantemente que actúes, que hagas, donde se valora mucho la determinación, el movimiento, la actividad, el exceso, el estrés, el consumo desequilibrado, la falta de sueño…es decir, el yang. Afortunadamente el yin y el yang son indispensables para la esencia humana, aunque pueden estar en ocasiones fuera de sus balances, lo que al final nos afecta a nivel emocional, físico y energético.

Frecuentar el yin como actitud es necesario frente a una sociedad yang, que vive y potencia la fuerza, y la carrera para la satisfacción inmediata. Especialmente cuando vivimos un exceso de actividad, socialización y estímulos. Por eso, la clave está en introducir pequeños gestos como:

1. Incrementar la luz, sobre todo si trabajamos en un lugar con luz artificial, intentar coger más luz natural, para recargar pilas, evitemos una distribución de mobiliario que nos cree obstáculos, eliminemos objetos estancados que nos roban energía innecesariamente, y busca colores más luminosos o alegres , no abusemos de cuadros ni objetos que nos impidan tener un hueco libre.
2. Escucha tu cuerpo, si te pide aflojar el ritmo, hazlo, tus energías están pidiendo un poco de calma, de atención, que si tienes que renunciar a una salida, una cita, porque estás cansado, hazlo, por mucho que te apetezca.
3. Permítete no hacer, aceptar el tiempo que tienes libre aunque sea breve, ten en cuenta lo que dicen “si es breve, dos veces bueno” ¿no?, disfrutemos de los minutos de pausa, el bienestar que consigue recobrar nuestro cuerpo. No esperes a sentirte saturado, aprende a permitir pausas, espacios en blanco, aprende a escucharte, sin hacer una lista de las cosas que hacer al terminar la pausa, simplemente escucha tu respiración y relájate. Esos momentos no son ninguna perdida de tiempo, quizá valga la pena proponerse hacer menos y disfrutar de cada cosa que hacemos en vez de encadenarlas unas con otras.
4. Decidamos cuando responder los mensajes. Vivimos en una constante comunicación con los demás y nuestros impulsos parece que tengan que responder inmediatamente a todo.
5. Empieza yin el día, es decir, no te levantes de “correprisa” con una lista de tareas de “que hacer” interminable; medita un poco antes de levantarte y hacer todas esas cosas, acompaña a tu cuerpo sin prisa mientras te pones en actividad .

Puedes estirar, meditar, observar tus plantas, abrir una ventana y mirar mientras te tomas una infusión … saborea esos minutitos que son solo tuyos. Notarás que, si creas desde el principio una buena sintonía con esas pausas, después estarás más sereno y positivo, y te concentrarás mejor en cada cosa que haces. Créeme que a parte de sentirte mejor, habrás ganado y no perdido tiempo.

Esos segundos que nos dejamos ir, que dejamos que fluya, el cuerpo coge el mando, y le da play a la recuperación de su equilibrio. Necesario en este mundo tan yang ¿no crees?

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